
A inicios del mes de noviembre el conflicto entre Costa Rica y Nicaragua, aparentemente por los límites de la frontera entre ambas naciones en la ribera del río San Juan, se ha intensificado tanto en el tono de los gobiernos, como con la movilización a la frontera de fuerza policiales, por parte de Costa Rica, como de tropas militares, por parte de Nicaragua.
El conflicto que se inició por el dragado del río San Juan que realiza el gobierno de Nicaragua, provocó la protesta del gobierno costarricense porque se le estaba tirando en su territorio los sedimentos del dragado. Posteriormente, el gobierno de Costa Rica denunció que tropas del ejército nicaragüense habían invadido un sector fronterizo costarricense y, por ende, se estaba violando su soberanía nacional. A su vez, Nicaragua reivindica su plena potestad de dragar el río San Juan y sostiene que la isla Calero, sector en disputa, es parte de su territorio, lo mismo que plantea Costa Rica.
Actualmente el conflicto se encuentra en pleito en el seno de la Organización de Estados Americanos (OEA) al cual fue llevado por el gobierno de Costa Rica. El Secretario General de esta organización pro-imperialista, con base en la visita in situ que hizo a la zona y a la reunión con los presidentes de los dos países, ha planteado tres recomendaciones: 1) evitar la presencia de fuerzas armadas o de seguridad en el área donde su presencia podría generar tensión; 2) realizar la reunión bilateral entre Costa Rica y Nicaragua para el día 27 de noviembre y 3) que ambos gobiernos retomen los trabajos de demarcación de la frontera bilateral.
Es muy importante señalar que el conflicto entre Costa Rica y Nicaragua por el río San Juan es un problema histórico. En la historia reciente, el gobierno costarricense de Abel Pacheco, período 2002-2006, llevó a Nicaragua a la Corte Internacional de Justicia, porque éste país le había prohibido que sus policías navegaran por el río con armamento. Este diferendo fue resuelto en el año 2008 por ese tribunal internacional durante el gobierno de Oscar Arias con una posición salomónica, ya que ratificó la plena potestad de Nicaragua sobre ese río, y su derecho a dragarlo, pero aceptó que Costa Rica tenía derecho a la navegación comercial por el mismo, sin policías armados. No obstante lo anterior, el conflicto sigue subsistiendo. Entonces, en realidad, detrás de esa disputa, en apariencia limítrofe y de una pequeña franja de territorio de 15 km2, se esconden intereses de tipo económicos y comerciales muy grandes, que van desde la producción de energía hidroeléctrica, turismo, vías de navegación interoceánica, hasta la explotación de otros recursos naturales.
Las burguesías costarricense y nicaragüense, igual que las demás burguesías centroamericanas, de mentalidad estrecha, limitada y profundamente retrógradas, administradoras de pequeños países atrasados, no se ponen de acuerdo en como explotar las riquezas naturales de sus zonas fronterizas, para promover el desarrollo de zonas miserables y abandonadas por ambos gobiernos, sino que cada una lucha por sacar las mejores ganancias y ventajas de la explotación de los recursos de esa zona. Es más, algunas de ellas, llegan al ridículo de hacer planes para convertirse en nación “desarrollada”, como es el caso de Costa Rica. Otras mantienen pretensiones de dominación o explotación sobre otros países, tal como sucede con las burguesías salvadoreñas y guatemaltecas sobre Honduras. La estrechez en la mentalidad de las burguesías centroamericanas y la balcanización de los países centroamericanos, sostenida y alentada por ellas, bajo la excusa de “excepcionalidades” nacionales y otras ridiculeces, ha impedido que los capitalistas y políticos burgueses centroamericanos realicen la integración centroamericana, de tipo económica, comercial y política, aunque fuera desde el punto de vista burgués. Esto demuestra el carácter retrogrado y reaccionario de los capitalistas y sus políticos en Centroamérica.
Por otra parte, el conflicto actual entre Nicaragua y Costa Rica ponen de manifiesto y evidencian los límites históricos que imponen al desarrollo de los pueblos centroamericanos las artificiales fronteras nacionales entre los pequeños países de América Central. En el fondo, la burguesía costarricense y su gobierno no quieren que el gobierno nicaragüense realice el dragado del río San Juan, porque eso colocaría a los capitalistas nicaragüenses en posiciones ventajosas para hacer negocios, de diversos tipos, en el río San Juan. A su vez, la burguesía nicaragüense y su gobierno sandinista, sedientos de capital y ganancias, pretenden recuperar el tiempo y el atraso a que fueron sumergidos durante varios años de guerra por el imperialismo yanqui, mediante una competencia feroz de los recursos naturales en esa zona fronteriza. Al final, los perjudicados son los pobladores de las zonas fronterizas de ambos países que, aún en el eventual caso que esos gobiernos desarrollaran esas zonas, el fruto de ese desarrollo se lo llevarán los capitalistas nacionales y sus socios transnacionales, tal como esta demostrado con los proyectos “desarrolladores” del turismo, tanto en Costa Rica como en Nicaragua, en donde los pobladores autóctonos continúan en la pobreza y miseria.
Con base en todas las consideraciones anteriormente señaladas, frente al conflicto en la frontera este del río San Juan, entre las burguesías y gobiernos de Costa Rica y Nicaragua, desde el Partido Socialista de las/los Trabajadores (PST) planteamos a los pueblos hermanos costarricense y nicaragüense lo siguiente:
1. El conflicto actual en la ribera Este del río San Juan, es un conflicto de intereses económicos-comerciales entre los capitalistas y los gobiernos de Nicaragua y Costa Rica. Este conflicto no es entre los trabajadores y los pueblos nicaragüense y costarricense, los cuales somos víctimas de la explotación inmisericorde de la clase capitalista y gobiernos de nuestros países. Desde este punto de vista, llamamos a todas/todos las/los trabajadores/as, sectores populares y demás sectores oprimidos, a no dejarse engañar por la propaganda chovinista y xenófoba de sus gobiernos, para que los apoyen en sus causas e intereses económicos-comerciales, por los cuales se pelean. En el fondo, ambos gobiernos y burguesías pretenden utilizar a los pueblos nicaragüense y costarricense como armas de cañón en la defensa de sus intereses mezquinos, escudados en el pretexto de límites fronterizos, defensa de la soberanía nacional y otras excusas. Ni los revolucionarios, ni los trabajadores y ni los demás sectores populares debemos apoyar a ninguno de los dos gobiernos burgueses y sus empresarios, como hacen las cámaras empresariales y los partidos políticos en cada uno de los países, incluidos algunos llamados de izquierda como el Frente Amplio (FA) en Costa Rica.
2. Manos de la OEA y otros organismos imperialistas fuera de Nicaragua y Costa Rica. La injerencia imperialista, cubierta y enmascarada bajo cualquier forma debe ser rechazada, porque eventualmente puede conducir a intervenciones militares de tropas imperialistas, posibilidad última que Costa Rica no descarta. Las soluciones a los conflictos entre los países de Centroamérica deben tener una resolución pacífica, no por la vía militar enfrentando a los pueblos centroamericanos. Desde esta concepción y posición, llamamos a trabajadores y organizaciones obreras, populares y estudiantiles de América Central, principalmente a costarricense y nicaragüense, a realizar un Encuentro Centroamericano Obrero y Popular urgente para discutir y votar una posición y salida conjuntas al conflicto actual entre Costa Rica y Nicaragua, evitando el enfrentamiento entre trabajadores y pueblos hermanos.
3. Consideramos que para evitar cualquier eventual choque armado entre ambos países es necesario que las fuerzas policiales y de seguridad costarricense, así como las fuerzas armadas nicaragüense se replieguen del territorio fronterizo. Esto es para evitar que los gobiernos, bajo pretexto de cualquier agresión de uno u otro bando, involucren en una aventura militar a los pueblos nicaragüense y costarricense.
4. De último, queremos plantear que la salida política estratégica e histórica a estos tipos de conflicto entre los países centroamericanos ponen a la orden del día la necesidad de que las organizaciones revolucionarias, socialistas y otros sectores de explotados y oprimidos centroamericanos nos organicemos y luchemos conjuntamente para destruir el capitalismo centroamericano y sus lacras, los capitalistas y gobiernos corruptos, que impiden el desarrollo y progreso de los pueblos centroamericanos.
PARTIDO SOCIALISTA DE LAS/LOS TRABAJADORES/AS (PST)
Costa Rica, 11 de noviembre del 2010