miércoles 26 de enero de 2011

CONFLICTOS Y CONTRADICCIONES ENTRE EL GOBIERNO Y LOS ARIAS

Por Alberto Ramírez

Oscar Arias Sánchez, propuso e impuso, como candidata a la Presidencia de la República a la actual Presidenta Laura Chinchilla. Luego, puso a disposición de ésta todo el aparato del Estado y del partido para que derrotara en las elecciones internas del PLN a su contrincante Johnny Araya.

Posteriormente, en las elecciones nacionales Chinchilla aparecía, dando la apariencia, de ser la continuadora de la gestión gubernamental de Arias y, por ende, beneficiándose de la masiva y millonaria política de asistencia social implementada durante el gobierno de los Arias.

El cálculo político de éstos era tener en el gobierno a una marioneta que hiciera lo que ellos les dijeran o “administrar”, según las palabras de Arias, las obras realizadas por su gobierno. Sin embargo, una vez en el poder, el aparente títere se desligó y decantó, rompiendo sus lazos políticos con su mentor y demostrando una total independencia, respecto de él. Por eso ahora, Oscar Arias acusa a Chinchilla de ser una “desagradecida” con quien la llevó al poder.

El gobierno de Laura Chinchilla fue montado y organizado, en gran parte, sobre una base de la facción burguesa de los hermanos Arias, tanto a nivel de los ministerios como de la Asamblea Legislativa. Desde el punto de vista estrictamente sociológico, Laura Chinchilla, no representa ni es parte de una fracción orgánica de la burguesía, aunque en términos generales, desde el punto de vista político y social, representa en general a la clase burguesa.

Sin embargo, en la medida que se separó de la facción burguesa orgánica de los Arias que la puso en poder, da la apariencia que gobierna sin un respaldo de algún sector burgués. No obstante lo anterior, Laura Chinchilla, a diferencia de Abel Pacheco que no tenía respaldo permanente de sectores orgánicos de la burguesía, sí tiene apoyo político del sector oligárquico del diario La Nación, y es debido a ese sostén que se dio el lujo de romper políticamente con los Arias. ¿Por qué sostenemos esta caracterización?

Existen algunos hechos políticos y económicos que nos inducen a sostener esta caracterización. El gobierno de Laura Chinchilla expulsó a Bruno Stano, hombre de confianza de Oscar Arias, como representante de Costa Rica ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y puso en ese puesto a Eduardo Ulibarri, ex-director del diario La Nación, hombre de confianza de la familia Jiménez-Borbón.

De otra parte, el mismo Oscar Arias ha denunciado que Julio Rodríguez, plumífero a sueldo de La Nación, utilizado por esta como látigo contra los gobiernos y otros personajes, ya sean políticos, sindicales y activistas sociales con los que no están de acuerdo con esa facción burguesa, es una especie de Rasputín costarricense que asesora a diversos funcionarios del gobierno, incluida a Viviana Martín, jefa de fracción parlamentaria del PLN y que se mueve en los corrillos y círculos de poder del gobierno de Laura Chinchilla. Este personaje, Julio Rodríguez, oscuro, intrigante y perverso, ha asumido la defensa a través de su columna periodística del gobierno de Laura Chinchilla.

Por otra parte, oficialmente el diario La Nación, mediante sus editoriales, ha estado apoyando la política económica del gobierno, como por ejemplo, con la reforma fiscal de impuesto al valor agregado (IVA), que pretende pasar los impuestos del 13% al 15%.

Según La Nación “La adopción del IVA es un paso indispensable para modernizar nuestro sistema tributario… Hacienda plantea la necesidad de fijar el IVA en un 15%, dos puntos porcentuales más que el impuesto de ventas vigente. Con eso espera generar más recursos por la vía del monto cobrado y, también, por la vía del mejor control. La tarifa es razonable y nada inusual en la práctica tributaria internacional…”. Más adelante, el editorialista plantea que “El propósito de la reforma, que no solo incluye el IVA, es aumentar los ingresos fiscales en una suma equivalente al 2,5% del producto interno bruto (PIB) y así paliar un déficit fiscal que en el 2011, por tercer año consecutivo, podría superar el 5% del PIB. La medida no es agradable, pero sí necesaria…”. (La Nación, 22 de diciembre del 2010).

Mientras el periódico La Nación, nuevamente, en su editorial del día lunes 10 de enero del año 2011, apoya y defiende la reforma tributaria del gobierno, sosteniendo que “El ministro de Hacienda, Fernando Herrero, ya anunció una reforma para sustituir el impuesto sobre las ventas por el valor agregado (IVA), con un importante incremento de base tributaria y un ligero ajuste en la tarifa. Nosotros defendimos esa iniciativa por los efectos positivos en la economía nacional…”, los diputados a los cuales les toca discutir, modificar, aprobar o rechazar dicha reforma tributaria sostienen que ni siquiera conocen el planteamiento del gobierno sobre el IVA y, por ende, no tienen posición al respecto. Por ejemplo, el jefe de fracción del Movimiento Libertario “…criticó que se hable de un plan fiscal sin que se le dé a los diputados ni siquiera un borrador para avanzar en su estudio”. (La Nación, 9 de enero del 2011). Por otra parte el jefe de fracción del partido socialcristiano (PUSC) plantea que “… su bancada no dará el visto bueno a ningún plan fiscal hasta que el Ejecutivo no presente una propuesta para mejorar la recaudación de los impuestos actuales”. (Ídem).

Por otro lado, los diputados del Partido Liberación Nacional (PLN), que responden a la línea política de los hermanos Arias, han manifestado su oposición a la reforma tributaria del gobierno, al grado tal que, Guillermo Zuñiga, el primer diputado nacional del gobierno, hombre de confianza de los hermanos Arias, haya planteado su renuncia a su curul para el 17 de enero del presente año, entre otras razones aduce que no está de acuerdo con el IVA, ya que este es un impuesto regresivo que va a golpear, principalmente, a los sectores pobres.

Al respecto de esto Zuñiga sostuvo que “…no conozco el texto de esta reforma y no siento que formo parte de este Gobierno. Cuesta pelear por algo que uno no conoce, y siento que no formo parte del Gobierno”. (La Nación, 6 de enero del 2010). Como se puede observar, con base a los hechos descritos y las afirmaciones de Zuñiga y otros diputados aristas, actualmente existe una fuerte pugna intestina entre el poder Ejecutivo y la fracción burguesa de los hermanos Arias.

Por otro lado, personalmente Oscar Arias Sánchez, se ha encargado de criticar la política de Laura Chinchilla frente al conflicto de Costa Rica con Nicaragua. El primero sostiene que ha sido un error de la Presidenta tratar de dirimir el conflicto a través de la Organización de Estados Americanos (OEA), que de una vez se debió llevar el caso a la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Podríamos seguir citando otras diferencias entre el poder Ejecutivo y la fracción burguesa de los hermanos Arias, pero queremos tratar de explicar cuáles son en realidad los problemas y contradicciones de fondo que existen entre la fracción burguesa de los Arias y los principales dueños de La Nación, los Jiménez-Borbón. Es importante mencionar y destacar que esta familia, fueron los más fuerte inversionistas en el financiamiento de la campaña electoral de Laura Chinchilla para llegar a la Presidencia de la República. Ahora están cobrando la inversión que hicieron.

Las principales diferencias y contradicciones entre la fracción burguesa de los hermanos Arias y el sector oligárquico de La Nación son de carácter económico y de la utilización del Estado, para seguir enriqueciéndose. Los hermanos Arias creyeron que, poniendo en la Presidencias de la República a Laura Chinchilla, continuarían utilizando y usufructuando el aparato del Estado para seguir realizando y expandiendo sus negocios, sin embargo, se les cruzó en el camino los principales dueños de La Nación, los cuales eliminaron la injerencia de los hermanos Arias en las decisiones del gobierno. Los hermanos Arias fueron apartados política y económicamente de las decisiones del gobierno, aunque tienen mucho peso a nivel de la Asamblea Legislativa y en algunos ministerios.

Oscar Arias Sánchez, fue llevado al poder en el período 2006-2010 por un acuerdo unánime del conjunto de la burguesía costarricense para salvar al sistema capitalista de la crisis política en que se encontraba, producto del fuerte ascenso de las luchas del movimiento de masas que venía desde el año 2000 con el combo del ICE. Al inicio de su gestión gubernamental y durante la pelea por el TLC, hubo apoyo, consenso y acuerdo entre la fracción burguesa de los Arias y los principales dueños de La Nación. Sin embargo, una vez pasado todo el proceso del TLC, la fracción burguesa de los Arias adquiere independencia del sector oligárquico de La Nación, utilizando el aparato del Estado para fortalecer y desarrollar su grupo económico, lo cual les ha permitido agrandar sus negocios. Los Arias tienen fuertes intereses en la producción de azúcar, sector favorecido por el TLC; en la generación de electricidad, por eso habían dejado elaborada una ley de generación eléctrica privada, que al final no contó con el apoyo del nuevo gobierno; los Arias forman parte del grupo SAMA que tienen inversiones y negocios en diferentes sectores económicos como el financiero, inmobiliario, alimentario, turístico y otros.

La utilización de los mecanismos y recursos económicos del Estado por parte del grupo burgués de los Arias para agrandar sus negocios, en detrimento y desventaja para el sector oligárquico de La Nación, ha molestado e irritado a estos últimos. Por otra parte, la forma y el estilo secretista con que los Arias manejaban los asuntos de Estado le preocupaban e irritaban a la oligarquía de La Nación, por ello obligaron a Arias, mediante un recurso de la Sala Constitucional, a dar a conocer las condiciones en que el gobierno chino le había prestado 300 millones de dólares al gobierno de Costa Rica, a cambio del establecimiento de relaciones diplomáticas. Detrás de esto existía una fuerte desconfianza de la oligarquía de La Nación con los Arias, porque intuían que éstos se estaban aprovechando del establecimiento de las relaciones diplomáticas con los chinos para obtener beneficios económicos, desarrollar sus negocios y ventas al mercado asiático.